5/10/08

Una mala herencia

La generación dominante recibió un planeta deteriorado, y según las estimaciones, no hay forma de dejar un mundo mejor a sus herederos

Zaida Salas López/Fredy Ruiz Condori /El Mundo de Córdoba
México 05 de octubre, 2008

En casi todas las calamidades que sufre el planeta, hay un protagonista: El ser humano.

Con un nulo conocimiento de su entorno, el hombre destruye la vida del planeta como quien fuma sabiendo que esto implica deterioro de la salud propia y ajena, con una diferencia, el ser humano puede acudir al médico, el planeta no.

Somos una carga

La Tierra tiene 4 mil 500 millones de años y sobre ella, más de 6 mil millones de habitantes. En todo este tiempo ocurrieron muchos cambios: Más de mil especies de animales han desaparecido, la temperatura global ha aumentado y el proceso climático de las regiones se ha alterado llevando lluvias y sequías a zonas donde no existían, derritiendo glaciares en los conos montañosos y arrastrando la fuerza de los huracanes a terrenos ajenos a las tormentas.

Los estados de Puebla y Veracruz están inmersos en ese proceso, pese a ser importantes reservas ecológicas.

Por un lado, la zona fría de Puebla alberga a cientos de especies en fauna y flora, tanto como las aporta las regiones altas de Veracruz, pero poco a poco se acrecenta su deterioro.

En ambos casos la cultura de la ecología se hace evidente por parte de los habitantes.

En México desde finales de los setentas la “ecología” tuvo un espacio en las aulas de las primarias y desde 1989 se imparte “ecología” en el nivel bachillerato.

Hay propuestas de reformas académicas y en algunos centros educativos se instruye en materia ambiental de forma horizontal, es decir, como parte del programa en cada una de las asignaturas.

Hay una preocupación.

“El cambio climático se está percibiendo de manera creciente en la gente” sostiene Cecilia Navarro, directora de Prensa de Greenpeace México.

Labor insuficiente No obstante no parece suficiente.

Alonso Domínguez, coordinador de Medio Ambiente en el estado de Veracruz, cree que hace falta un trabajo rígido en la sociedad. “Se debe propiciar las actividades de conservación y dar pláticas sobre el cambio climático.

Hace falta consciencia”, asegura Domínguez, que advierte que en la zona centro del estado de Veracruz sí hay un deterioro en cuanto al medio ambiente.

Puntualiza dos entornos: La deforestación en el Parque Nacional Pico de Orizaba y la contaminación de la cuenca del río Blanco.

Contaminación eterna Medir el poder contaminador hogareño se basta en lo perniciosa que puede ser la indiscriminada utilización de las bolsas de plástico. Según información del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, “una bolsa de plástico se fabrica en un segundo, se usa durante 20 minutos y tarda entre 100 y 400 años en degradarse de manera natural”.

¿Cuántas bolsas hay en casa?

Y las bolsas son parte de las 4 mil 600 toneladas de basura sólida que genera, como ejemplo, el estado de Puebla.

Y a esa contaminación se suman las 500 mil toneladas de humo a la atmósfera, provenientes de fuentes móviles, es decir de los vehículos, y de fuentes fijas, como ladrilleras y otras industrias, reporta Juan Carlos Fernández Jasso, subsecretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales del estado de Puebla.

La capacidad oficial sólo ha arrojado la sanción de 30 empresas en tres años.

Pero coincide con Alonso Domínguez, es un asunto de la sociedad: “Hace falta muchísimo trabajo en materia de difusión de la cultura ambiental. La gente reacciona sólo a través de sanciones”.

La evidencia del deterioro ecológico en el planeta se nota en un lugar tan susceptible como el Pico de Orizaba, donde el efecto de un par de grados en 50 años se nota en la pérdida de tres glaciares que aportaban agua a la región poblano-veracruzana.

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