Muchos mitos veracruzanos fueron hechos polvo el pasado 4 de julio y dieron paso a una nueva realidad de la política por la que transitará ya la entidad en el futuro inmediato. Esa fecha fue pues el parteaguas que marcó el derrumbe de muchas historias preconcebidas de políticos infalibles con atributos intelectuales incomparables, de trayectorias “impresionantes” con vasta experiencia en la administración pública y en la tribuna legislativa o con gran arrastre popular que por sí mismas bastarían para arrasar en las urnas.
Todas fueron rebasadas y plantearon la necesidad para los partidos y sus organizaciones la necesidad impostergable de realizar un nuevo diseño institucional y plantearse una seria revisión de la manera en que conciben su práctica y quehacer político y, sobre todo, reflexionar en cuanto a su relación con la sociedad.
Para empezar, la validez predictiva de las encuestas fue puesta en entredicho y su utilidad como instrumentos confiables para la planeación y diseño de estrategias electorales fue sumamente vulnerada en la elección; asimismo, los grandes negocios que hicieron las casas de encuestas y sus promotores locales difícilmente podrán tener el mismo campo fértil que alcanzaron este año.
En lo que hace a la ventaja que teóricamente representaba la experiencia y las trayectorias personales de Miguel Ángel Yunes Linares y Dante Delgado en contraste con la inexperiencia y el arribo reciente a puestos de responsabilidad política y social de Javier Duarte, esos prejuicios también fueron rebasados por el comportamiento electoral.
Poco valor le dio la gente al supuesto capital político que representaba para Dante Delgado la gubernatura interina que le heredó Fernando Gutiérrez Barrios y tampoco contó para la ciudadanía esa larga experiencia de Yunes Linares como secretario de Gobierno, funcionario policiaco o director del ISSSTE, pues de haber sido en ambos casos un factor para inducir el voto la historia sería otra. El priísta, con todo y que aún falta la resolución del Trife, le dio vuelta al escenario adverso.
En este mismo sentido también quedó claro, cuando menos en esta coyuntura, que existe un equilibrio de fuerzas políticas que se expresaron en las urnas donde el PRI y el PAN entablaron prácticamente los resultados y se confirmó la debilidad de la coalición de izquierda que, aparte de sus propios demonios internos y sus grandes contradicciones, tuvo que pagar el altísimo costo que les representó la imposición de la tercera candidatura de Dante y la manera en que de nueva cuenta decidió las postulaciones a diputaciones y alcaldías sin tomar en cuenta a los demás partidos que participaron en la coalición PRD-PT-Convergencia.
De ahí que pueda concluirse que la gran responsabilidad de la debacle de la alianza de izquierda recaiga en el exmandatario, porque la llevó al extremo, al subordinarla a sus de sobra conocidos intereses grupales, pues basta ver la conformación de la lista de diputados plurinominales para constatarlo.
Sin embargo, la vitalidad de la real izquierda veracruzana pudiera aprovechar esta gran oportunidad que tiene enfrente para emerger y encabezar la movilización de una sociedad agraviada por la pobreza, el desempleo, la marginación y las carencias desde la misma base popular, cambiando sus patrones de conducta y sobre todo a viejos liderazgos anquilosados y mañosos que ya demostraron sus verdaderos alcances e intenciones.
Por otra parte, y aunque finalmente lograron sacar a flote la elección para gobernador y mantuvieron el control de las grandes ciudades, los viejos cuadros priístas y todos los ismos que le aseguraban al abanderado tricolor una numerosa votación también hicieron agua y la pérdida de 10 distritos que pasaron a manos de la alianza PAN-Panal y el reparto de más de la mitad de la totalidad de las alcaldías no fueron buenas cuentas, por más que el dirigente estatal tricolor Jorge Carvallo diga que entregó buenas cuentas.
Otra caída espectacular fue la supuesta aportación de votos que representaría para el PRI la defección del expanista, Gerardo Buganza Salmerón –afirmaba que él sólo se traería unos 300 mil sufragios–, con lo que también se demostró que cada coyuntura política es distinta y que nada escrito hay en política. Así, sin mitos por un lado ni compromisos basados en buenas cuentas, el priísta Javier Duarte bien podría darle un golpe de timón al estado de las cosas en Veracruz.
6/8/10
LA JORNADA VERACRUZ
Tulio Moreno Alvarado - viernes, agosto 06, 2010
El fin de los mitos
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