Absueltos al terrorismo
De vuelta a las montañas de Zongolica los hermanos Tzompaxtle; fueron señalados de eperristas
De vuelta a casa, en las montañas de la Sierra de Zongolica, en su natal Astacinga, los hermanos Jorge Marcial y Gerardo Tzompaxtle Tecpile, junto con su amigo Gustavo Robles, se dicen dispuestos a trabajar, como siempre lo hicieron antes de ser injustamente encarcelados y tratar de recuperar el tiempo perdido. Con el rostro sereno, que no guarda resentimiento, pero que sí refleja las ganas de retomar su vida, los recién liberados, sentados a la mesa de su casa, hablan de su caso. “Se demostró que desde el inicio hubo irregularidades, y la parte acusatoria PGR nos involucró en muchas cosas, pero todas fueron suposiciones, que una a una se fueron derribando en el proceso jurídico”.
Jorge Tzompaxtle Tecpile, vestido de pants gris y tenis blancos, a punto de dejar los 38 años, inicia la plática con periodistas. Reconoce que gracias a que los medios de comunicación pusieron atención inmediata al caso desde el día de la detención, “no pasó a mayores”, pues tienen el antecedente de su hermano Andrés, quien estuvo desaparecido en 1996.
“Al principio cuando nos dijeron que éramos subversivos, no lo creíamos nosotros mismos, hubo alguna que otra amenaza, pero no pasó de ahí, pero luego llegó alguien del Cisen (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) que ya nos interrogó sobre grupos armados”, relata.
“Cuando nos detuvieron, lo primero que nos pasó por la cabeza fue que nos íban a desaparecer, que nos íban a torturar, por el antecedente familiar”, pero reconoce que no fue así, aunque sí hubo mucha presión psicológica en la SIEDO (Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada)“.
En la Fiscalía de Secuestros los quisieron involucrar con el secuestro de Mario Zepahua Valencia, donde les dieron auto de libertad con reservas de la ley, pero al llevarlos a la Fiscalía de Terrorismo y Tráfico de Armas, los señalaron por un cuaderno de los jóvenes a quienes habían dado ray el día de su detención y que dejaron en el auto. “Nos señalaban delitos de secuestro, rebelión, terrorismo, homicidios, cohecho y lo que resultara”. Supuestamente el cuaderno contenía asuntos de grupos armados.
Zepahua
Supieron que Mario Zepahua Valencia habría acudido a la SIEDO a tratar de reconocerlos como sus secuestradores, pero no hubo señalamiento alguno. Después, cuando los llevan al Reclusorio Norte les imputan que eran parte de un grupo armado, el robo a un vecino en el 2002,y supuestas llamadas anónimas que los señalaban.
La familia
“Le cambiamos la vida totalmente, el negocio casi se cayó porque no se atendía igual, aunque afortunadamente la familia no nos abandonó nunca”, indican Gerardo y Jorge. Sus hermanos, siete varones y una mujer, junto con su madre, siempre estuvieron pendientes de ellos, principalmente Maximino, quien de inmediato entró en contacto con grupos que les ayudaron a defenderlos.
En el penal
“Hay de todo, gente tranquila, otros que no, pero nosotros tratamos de no meternos en problemas; en comparación con el penal de Distrito Federal, allá hay más violencia”, recuerdan. En La Toma recuerdan que “peligrosos”, incluso los querían confinar en el COC (Centro de Observación y Clasificación), ahí todos nos conocían por terroristas. Pese a eso, hicieron amistades, tanto en México como en La Toma.
Hoy
¿Tienen miedo?
“Sí tenemos temor, por el antecedente familiar, nos da temor, porque hay gente a la que han hecho así, nos han platicado la gente de Derechos Humanos, que saliendo les dan unos días y luego los agarran y los desaparecen, porque las autoridades no olvidan. Nosotros sí tenemos ese temor, y sí, responsabilizamos al Gobierno, sus corporaciones y hasta gente paramilitar de lo que nos suceda”.
¿Habrá alguna demanda por la privación de su libertad? “No lo hemos pensado, ahora lo que queremos es estar con la familia”. En la plática está presente Jairo Guarneros Sosa, representante de la Coordinadora de la Sociedad Civil en Orizaba, quien siempre estuvo pendiente del caso Tzompaxtle. Reconocen los liberados que sí analizan la posibilidad de formar alguna agrupación de Derechos Humanos enfocada a la defensa de indígenas en los reclusorios. Gustavo Robles indica que conocieron a personas encarceladas injustamente, y que después de lo que ellos vivieron y vieron, bien podrían actuar ahora en defensa de otros.
Desde 1992 dejó su casa
Por los medios de comunicación su familia conoció que lo habían detenido en Guerrero por estar, supuestamente, relacionado con un grupo armado; tenía el pseudónimo de combatiente Rafael.
En febrero de 1997 se fugó, buscó a gente de Derechos Humanos, incluso fue sorpresivamente a Astacinga a ver a su familia por el mes de mayo, pero de inmediato decidió irse del país ese mismo año. Cuando estuvo detenido fue se-veramente torturado y llegó al grado de intentar matarse varias veces.
Llegó a pesar 25 kilos debido a su mal de salud, además que presentaba un fuerte golpe en el tabique nasal. Jorge considera que desde lo ocurrido a su hermano Andrés: “La familia quedó marcada de por vida, de ese acontecimiento de esa humanidad”.
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